1/5/09

CB2

¿FICCIÓN O REALIDAD?

Su nombre es CB2, tiene 51 músculos, 197 sensores en su piel, mide 1,30 m, pesa 33 kilos y graba expresiones emotivas a través de cámaras instaladas en sus ojos. ¿Qué puede ser esto? Pareciera que nos estamos refiriendo al personaje de un dibujo animado futurista, a uno de esos “androides” que imaginábamos cuando éramos pequeños, y nos poníamos a soñar en un futuro que creíamos lejano, sin embargo ha llegado a nosotros esa realidad mucho antes de lo que teníamos planeado.

CB2 es un niño-robot con cuerpo biomecánico, el cual está programado para reproducir la interacción que se presenta en un bebé, entre 1 a 3 años de edad, y sus padres. Debajo de la piel de suave silicona se esconde uno de los robots más sofisticados del Japón, con procesadores que graban y analizan la información y está diseñado para aprender al igual que un bebe.

Es mucho lo que la tecnología viene regalándole a la humanidad día a día, con avances como estos nos damos cuenta que la inteligencia del hombre puede desarrollarse hasta lo más alto; CB2 siente y actúa como un bebé y a este paso dentro de poco será mucho más beneficioso tener un bebé robot en casa, que traer uno real al mundo. Seguramente no tendremos que cambiar pañales ni desvelarnos noches seguidas. Todo se tornará tan simple, que nuestra vida será tan pobre de emociones y aprendizaje, que ni la tecnología más avanzada ni los robots más “humanos” podrán llenarla.

El equipo que diseñó al robot está intentando enseñarle a pensar como un bebé. ¿Cómo es que un ente distinto al ser humano puede aprender a pensar? ¿Acaso no está claro y evidenciado a través de la historia y los innumerables estudios del ser del hombre que la racionalidad es una característica propia y única de la persona? ¿Qué es lo que le ha pasado al hombre para llegar a afirmar algo como eso? Y un ejemplo de respuesta a estas muchas preguntas la encontramos en el libro “Desafíos de la era tecnológica para la persona y la familia” de German Doig, cuando dice: “La Tecnología, es un instrumento necesario para casi todo lo que el ser humano hace, el problema surge cuando se le otorga un lugar que no corresponde”. Y es esto último lo que le está pasando al hombre de hoy, es tanta la importancia y trascendencia que la tecnología tiene en nuestra vida que no vemos más allá de inventar, descubrir, y jugar a ser dioses.

Según Doig, en la mentalidad moderna y tecnologista “Todo está juzgado y valorado de acuerdo a la manera como funciona la tecnología, por tanto preguntas por la verdad, el bien y la belleza son irrelevantes. Los fines desaparecen y los medios se convierten en los nuevos objetivos”. Quien no conoce y no está a la moda en estos avances es sólo un atrasado de la edad media, lo tecnológico es ahora un referente para medir el grado de cultura, de envergadura, de las personas. Se gasta millones fabricando estos robots, se utiliza tiempo, gente, cerebros extraordinarios, atención y esfuerzo en intentar hacer aquella cosa lo más parecida al hombre que se pueda, ya nadie se preocupa por ser mejor persona, el hombre está tan preocupado por inventar, por llegar a ser el mejor hombre, que cada vez se vuelve menos persona, ¿a quién le importa preguntarse por qué ya no se practican los valores? El hombre no puede entenderse a sí mismo, el sentido de su existencia es solamente tener, corrompiendo su naturaleza, perdiendo su fines verdaderos, y mayor aún ¡para que nombrar a Dios!, si para muchos es sólo una realidad imaginaria, que sólo debe aparecer cuando nos enfermamos o caemos en desgracia.

Como dice German Doig, “la tecnología debe estar al servicio del ser humano y no al revés” los avances deben servir para mejorar la calidad de vida del hombre, para ayudarlo a desarrollar su ser, a perfeccionarse como persona y no para que deje de ser persona, no para que se vuelva un esclavo de la pasión abrumadora de querer ser dios. Es por tanto y me uno a Doig diciendo que es necesaria una búsqueda del sentido último y global de la vida, que permita recuperar una recta antropología que no sólo le dé a la tecnología su lugar correcto como una creación humana, sino que ponga a la persona como centro y sujeto de la cultura, y pueda afirmar a la familia en su naturaleza auténtica ante las amenazas de distorsión que introduce esta mentalidad.

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