Personalmente no puedo afirmar lo mismo, pues abundan en mi mente aquellos momentos demasiado hermosos que viví entre los 12 y los 16 años que hacen de esa etapa la mejor. Este último año he tenido muchas ocasiones en las que he deseado cerrar los ojos, abrirlos y tener doce años de nuevo.

Era tan libre en ese entonces que recordar me inunda de alegría y de nostalgia a la vez. Los problemas no existían, el colegio iba bien, mi familia al igual que hoy me daba mucha paz y apoyo, la sonrisa me salía todo el tiempo y las lágrimas casi nunca me pedían a gritos desfogar. Conocí a una persona maravillosa que me enseñó demasiado y a quien le debo mucho de lo que soy , me ayudó a crecer, a darme cuenta de las cosas en las que fallaba y las que hacía bien. Lamentablemente hoy ya no está conmigo y tal vez esa es la razón principal por la que a veces me resulta difícil notar aquello que hago mal, y encontrar el camino adecuado para salir de las incertidumbres en las que a veces ando metida.
Iba a uno de esos grupos de parroquia, por eso crecí rodeada de amigos, todo se veía mucho más simple, me divertía demasiado, nunca estaba cansada de jugar, de “calinchar” como me decía mi mamá. Viajamos muchas veces, pasé hambre, frío y otras molestias por ahí, pero la felicidad de respirar aire puro, de ver por las noches las estrellas bien cerquita, de jugar hasta morir de cansancio, de estar con mis amigos todo el día; era inigualable.
El hecho de ver el mundo con los ojos de la inocencia me hacía muy feliz, no tenía motivos para estar triste, para encontrarle el lado negativo a las cosas.
El tiempo ha pasado, he cambiado, cada uno de mis amigos tomó rumbos diferentes y hoy casi no veo a ninguno. Este cuento me da a veces un poco de tristeza, pues en los días que todo sale mal o que estoy sensible quisiera escaparme a uno de los lugares por donde viajaba, recostarme en el pasto mirar el cielo por horas y horas, olvidarme de todo, ser niña de nuevo. Sin embargo con la cabeza un poquito más fría me digo, no necesito tener 12 años para ser feliz de nuevo, soy yo la que construí ese mundo, la que puso ánimo a cada día para hacerlo especial, por tanto todo está en mí, y en la necesidad de sacar lo bueno a lo que me pasa ser tan feliz de nuevo. Vivir recordando y desando que el pasado regrese es tan sólo una pérdida de tiempo, más bien debo aprovecharlo en encontrar la manera de hacer de la etapa que estoy viviendo hoy, la mejor.
3 comentarios:
Cierto es amiga... esa época fue sin duda la mejor para nosotros, pero en tus manos esta ser feliz ahora, tienes todo para serlo, eres una excelente persona y una amiga increible
No tuve la oportunidad de ser tan feliz como tu cuando YO era niña, pero la etapa más feliz de mi vida fue cuando tu llegaste al mundo, cuando tenía un mes de embarazo quería contarle al mundo entero que tu estabas en camino, pero no podía y ahora sólo puedo decir que realmente eres lo más maravilloso que Dios me ha dado, eres mi amiga, mi hija, mi compañera, mi todo. Tengo otros amores a quienes también quiero mucho y tu sabes quienes son, pero tú eres muy especial, sólo le pido a Diosito que te proteja por siempre y que algún día vuelvas a ser tan feliz como cuando fuiste niña.
El recuerdo de una gran persona,,, aun sigue presente en aquellos, que consideran la Parroquia como su segundo hogar, aquel hombre lleno de esfuerzo y valor, que con rezos y carajos, guiaba nuestras vidas con FE, El llenaba un salón de alegría al creador, quien lo llamo a ser su pastor.
Cuando llego su partida, todo aquello quedo desolado, sin luz, ni alegría,,, todo lo hecho se vino abajo, por aquellos a quien amo... sus eternos hijos, algunos ahora son padres, otros olvidaron quien los ayudo, y lo peor quien fue ese hombre de honor.
Ahora vive su nueva misión, muy lejos de aquí, donde construya su nueva obra de Dios, mientras tanto, aqui donde fue feliz, siempre estarán sus hijos.
Padre JAVIER...
Nunca olvidaremos lo que hizo, por nosotros...
CSAr...
Publicar un comentario