![]() |
| Por pura coincidencia no encontré el azul |
Recordando mi vida de hace algunos años encontré a dos personas importantes y memorables. Así que escribiré con la que esperanza que algún día lean las líneas dedicadas especialmente para ellos.
Cuando
Laura y Francisco se conocieron era una mañana nublada de marzo, ambos
esperaban en la puerta de aquella sala honda y oscura, ansiosos y confundidos
ante el nuevo camino que estaba a punto de iniciarse.
El
objetivo final de todos lo que asumieron ese reto era diseñar un objeto capaz
de hacer la vida del hombre más ligera, de modo que ante una serie de problemas
y discusiones, éste pueda dar una respuesta rápida, eficaz y eficiente.
Contaba
Francisco que al día siguiente de conocer a Laura, ésta le robó los materiales
que había conseguido para iniciar su estudio y preparación. Sin embargo Laura
nunca lo aceptó.
A
pesar de este hecho, ellos se convirtieron en buenos amigos. Compartían horas
de estudio, risas, momentos felices, frustrantes y demás.
Francisco
terminó por gustar de esa muchacha de cabellos negros, era probable que Laura
lo haya notado, pues era observadora y muy perceptiva. También era probable que
ella sintiera lo mismo mas su “indiferencia” o natural “despreocupación” hizo
que no sea capaz ni de decirlo, ni de apostar por unir su camino al de
Francisco.
Y
aunque parecía que está historia de amor estaba a punto de terminar sin haber
siquiera comenzado. Laura notó que el rostro de Francisco no lucía como siempre
y al caer en cuenta que podía perderlo terminó por confesarle lo que sentía.
Unieron
sus caminos tan dispersos. Era bonito verlos de la mano, sonrientes, y soñando
juntos. Nosotros llegamos a pensar que algún día se casarían y serían una
familia sólida. Seguramente pensamientos y predicciones adolescentes. El camino
se tornó muy difícil, Laura y Francisco empezaron a caer una y otra vez,
luchaban por recuperar su magia y cuando
parecía que lo lograrían la perdían de nuevo.
Se
amaban y su amor estará en los corazones de los dos por siempre. Las
circunstancias, los resentimientos y la falta de inteligencia los separó.
Alguna vez Laura dijo: “El amor no se acaba, sólo cambia” y ese cambio incluía
que sus caminos volvieran a ser distantes, cortaron la soga que amarraron
fuerte una noche de junio.
Hoy
extraño verlos juntos, jugando, conversando, quejándose, bailando, mirándose y
hasta peleando.
Y es
que siempre me parecieron el uno para el otro, una vez Francisco contó que las
manos de Laura y las suyas encajaban perfectamente la una en la otra, que
desearía nunca haber soltado la mano de Laura pero que hoy era feliz porque
había aprendido y sabía certeramente que el tiempo nunca deja de sorprendernos,
que luchar diariamente es una obligación, que no podemos perdernos en el otro
olvidando a uno mismo y que si algo es realmente tuyo volverá por ti.
Laura
no gusta de las palabras románticas, la conozco mejor que nadie, pero sin amor
no se puede seguir viviendo.
Hace
poco encontré a Laura y Francisco juntos en un mismo espacio de cuatro lados y
eran tan extraños el uno del otro. Laura no era así cuando la conocí, Francisco
no era así cuando lo conocí.
Con él
converso a veces con ella sólo en sueños, y esto a pesar que los dos fueron mis
mejores amigos.
Que
sean felices nada más yo seguiré recordando mis años adolescentes mientras la
búsqueda de mi centro va en un 30%.

0 comentarios:
Publicar un comentario