24/2/12

Gomito rojo y gomito azul


Por pura coincidencia no encontré el azul

Recordando mi vida de hace algunos años encontré a dos personas importantes y memorables. Así que escribiré con la que esperanza que algún día lean las líneas dedicadas especialmente para ellos.
Cuando Laura y Francisco se conocieron era una mañana nublada de marzo, ambos esperaban en la puerta de aquella sala honda y oscura, ansiosos y confundidos ante el nuevo camino que estaba a punto de iniciarse.
El objetivo final de todos lo que asumieron ese reto era diseñar un objeto capaz de hacer la vida del hombre más ligera, de modo que ante una serie de problemas y discusiones, éste pueda dar una respuesta rápida, eficaz y eficiente.
Contaba Francisco que al día siguiente de conocer a Laura, ésta le robó los materiales que había conseguido para iniciar su estudio y preparación. Sin embargo Laura nunca lo aceptó.
A pesar de este hecho, ellos se convirtieron en buenos amigos. Compartían horas de estudio, risas, momentos felices, frustrantes y demás.
Francisco terminó por gustar de esa muchacha de cabellos negros, era probable que Laura lo haya notado, pues era observadora y muy perceptiva. También era probable que ella sintiera lo mismo mas su “indiferencia” o natural “despreocupación” hizo que no sea capaz ni de decirlo, ni de apostar por unir su camino al de Francisco.
Y aunque parecía que está historia de amor estaba a punto de terminar sin haber siquiera comenzado. Laura notó que el rostro de Francisco no lucía como siempre y al caer en cuenta que podía perderlo terminó por confesarle lo que sentía.
Unieron sus caminos tan dispersos. Era bonito verlos de la mano, sonrientes, y soñando juntos. Nosotros llegamos a pensar que algún día se casarían y serían una familia sólida. Seguramente pensamientos y predicciones adolescentes. El camino se tornó muy difícil, Laura y Francisco empezaron a caer una y otra vez, luchaban por recuperar su magia  y cuando parecía que lo lograrían la perdían de nuevo.
Se amaban y su amor estará en los corazones de los dos por siempre. Las circunstancias, los resentimientos y la falta de inteligencia los separó. Alguna vez Laura dijo: “El amor no se acaba, sólo cambia” y ese cambio incluía que sus caminos volvieran a ser distantes, cortaron la soga que amarraron fuerte una noche de junio.
Hoy extraño verlos juntos, jugando, conversando, quejándose, bailando, mirándose y hasta peleando.
Y es que siempre me parecieron el uno para el otro, una vez Francisco contó que las manos de Laura y las suyas encajaban perfectamente la una en la otra, que desearía nunca haber soltado la mano de Laura pero que hoy era feliz porque había aprendido y sabía certeramente que el tiempo nunca deja de sorprendernos, que luchar diariamente es una obligación, que no podemos perdernos en el otro olvidando a uno mismo y que si algo es realmente tuyo volverá por ti.
Laura no gusta de las palabras románticas, la conozco mejor que nadie, pero sin amor no se puede seguir viviendo.
Hace poco encontré a Laura y Francisco juntos en un mismo espacio de cuatro lados y eran tan extraños el uno del otro. Laura no era así cuando la conocí, Francisco no era así cuando lo conocí.
Con él converso a veces con ella sólo en sueños, y esto a pesar que los dos fueron mis mejores amigos.
Que sean felices nada más yo seguiré recordando mis años adolescentes mientras la búsqueda de mi centro va en un 30%.

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