26/1/16

Quince


Aquel día planeaba celebrar nuestro aniversario número quince. Y es que fueron quince años juntos, quince años llenos de momentos felices y también difíciles, pero que aún a pesar de la dificultad salíamos airosos. Tras tu llamada esperé e imaginé una situación totalmente distinta de la que fui parte. Mapi, confundida, creía que el tan ansiado anillo de compromiso llegaría esa noche, yo, aunque con ciertas dudas, también lo creía. Desde nuestro primer beso, hasta hoy, he alimentado tanto nuestro amor, que no estoy preparada para una vida sin ti, y es que casarnos y comprometernos para siempre era sólo cuestión de tiempo; sin embargo, cuando abrí la cajita que creía contenía tu petición de unión eterna, guardaba un anillo, es verdad, pero no aquel con el que soñaba, sino tu anillo, devolvías el anillo que nos comprometió por quince años. Tan sólo con escuetas palabras dijiste “Es tu corazón, te lo devuelvo” Fue el peor momento, no sólo la confusión y el ahogo me invadieron, no tenía claro si lo mejor sería bajarme del auto muy dignamente o si llorar o si golpearte. Respiré hondamente, dejé tu cajita sobre tu pierna y bajé a punto de estallar. Me pregunto si en algún lugar del Código Penal está la respuesta a cómo me siento hoy, o si en alguna de todas las leyes que memoricé por tantos años se encuentra el antídoto para mi dolor. Evité y luché para no caer en depresión, vivir en soledad no ayudaba mucho, pero las responsabilidades laborales tenían que hacerme reaccionar. Cuando me levanté y me vi al espejo, me dije: “Quizá la ley no hace diferencias, pero el espejo sí las hace”. Y es que en quince años he cambiado. No sólo espiritual y socialmente sino sobre todo físicamente, solía ser la más guapa, pues sin intención de ser presumida, lo era, eso decían los chicos del barrio, de la escuela y hasta en la radio. Ahora, el trabajo y el estrés en que me he visto envuelta, ha transformado mi figura física, he engordado mucho más de lo que creía y en una sociedad como esta, donde la delgadez es sinónimo de belleza, he dejado de ser bonita y quizá aunque suene y sea duro reconocerlo sea esta la principal razón por la que has dejado de amarme, de mirarme y de sonreírme. No, aún me sonríes pero no con la misma sonrisa, ya no hay amor en tus ojos, ya no hay admiración ni deseo. Pude haber imaginado como está, muchas otras razones para que tomes la decisión de abandonarme, pero conociéndote como creía hacerlo, nunca hubiese creído que existiera una tercera persona, eras honesto, eras noble. Fui a buscarte y estaban allí abrazándose, sonriendo con complicidad, ambos bajo un solo paraguas en una noche de lluvia. Yo sentí que el mundo se detuvo, que debía escapar, que nada volvería a ser como antes, que un pedazo de mí se escurría como esas gotas de lluvia.

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