Dicen que hay un
fino hilo rojo casi invisible que une a dos personas destinadas, qué romántico
es imaginarlo, pero qué difícil es creerlo, pues si resultase cierto cuántos
unidos invisiblemente se encontrarían atados a otros, tornándose en una gama de hilos enredados
entre sí. De lo que estoy segura es que la extraña forma de conocerte y la aún
más desconcertante realidad que hoy despierte a tu lado, me obliga a creer que
ese hilo podría ser algo más que una leyenda.
Aunque intentamos
más de una vez perdernos, es el destino quien termina mezclándonos. A veces
resulta complicado el arte de amar y no hablo de un amor a la familia, a la
vida o al hermano, hablo de un amor de complementariedad, de esos que te
alborotan y te dan seguridad. De esos amores que quieres que se queden hasta
siempre y con los que se acostumbra hacer promesas, de fidelidad, respeto y
eternidad.
Suelo preguntarme
por qué a quien más te aferras termina por escurrirse, no es cotidiano decirle
a una madre que la amaremos para siempre; sin embargo lo hacemos.
¿Cuál es la real
razón por la que las más sinceras promesas son incumplidas? Y quizá sea porque
el amor de complementariedad se ve contaminado por egoísmos, dudas, miedos,
problemas internos no resueltos, descontroles y otros factores que concluyen
por destruir y quebrar en pedacitos el hermoso castillo de vidrio construido en
base a recuerdos, sensaciones, miradas, sonrisas, reconciliaciones.
Son pocos los que
logran pasar la barrera, quizá aquellos que tienen el hilo rojo a su favor, qué
lindo es imaginar que hay personas en este mundo que han logrado encontrarse,
que pueden disfrutar de tan perfecta coincidencia, que lucharon y se
mantuvieron firmes aún en la adversidad.
Creo que nosotros
llevamos atado a nuestro dedo la punta de un solo hilo, y es que contra todo
pronóstico aún permanecemos.
Lucho por mi propia
felicidad a tu lado, ojalá muchos unidos como nosotros, sean dichosos de
hallarse y permanecer.
(Inspirado en "Fated to love you")

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