
Marina siguió soñando pero el miedo regresó. Ella era por naturaleza una muchacha llena de miedos, le asustaba la oscuridad, los muertos, las novelas de horror, los silencios prolongados, las miradas desafiantes, la soledad, la bonanza. Solía preguntarle cómo podía vivir así.
Pero el miedo que sentía aquélla vez era más tonto de lo normal, no era que su sueños se habían convertido en pesadillas todo lo contrario estaban inundados de pasajes hermosos, y era precisamente eso lo que la asustaba.
Pero el miedo que sentía aquélla vez era más tonto de lo normal, no era que su sueños se habían convertido en pesadillas todo lo contrario estaban inundados de pasajes hermosos, y era precisamente eso lo que la asustaba.
Rogó tanto por recuperar sus sueños de nuevo y ahora extrañaba vivir sin ellos, y no precisamente porque éstos dejaron de agradarle sino porque las heridas que aun no cicatrizaban en su mente le hacían creer que gustar demasiado de esa belleza le haría sufrir mucho más al final, o tal vez porque fue tanto tiempo el vivir acostumbrada a las pesadillas, que lo hermosos le disgustaba en lugar de atraerla.
Será que la conozco mucho por eso puedo leer lo profundo de su alma, o que la conozco muy poco por tener demasiados “yos” internos que aun no puedo alcanzar.
Y así la dejé de nuevo, esta vez no se fue corriendo, su paso era lento y pesado, su mirada triste y ansiosa “te veré pronto”- le dije-, y sólo respondió: “¿Debo seguir soñando?"
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