Han pasado tantos años desde la
última vez que toqué tus labios con los míos, que me sorprende y asusta el
pensamiento constante de extrañarte; y es que esto de extrañarte sólo puede ser
imaginado por un cerebro confundido como el mío. Puedo recordar cada uno de tus
espacios, puedo escuchar tu voz cuando susurraba un te amo, oler tu aroma que
ya debe haber cambiado. Sé que ya no te amo, que ya no te necesito, que ya no
te anhelo ni te espero, pero tengo unos estúpidos recuerdos que me obligan a
escribir, no lo vengo haciendo a menudo pero tal y como hace algún tiempo, tú
más que nada o nadie inspiras y despiertas mi necesidad de soltar lo que
presiona mi pecho. Quiero tu felicidad y por eso estoy agradecida por verte
feliz, puedo recordar la última vez en la que te dije: “Te quiero, y en algún
momento de nuestra relación fuimos inmensamente felices, ¿Por qué no empezar de
nuevo? ¿Por qué no borrar y escribir desde cero? Ante eso respondiste “Sé que
algún día volveremos a estar juntos, no ahora pero eso día llegará”. No quiero
que ese día llegue, pues sé que tu felicidad no está junto a mí, no sólo somos
muy distintos sino que además hay muchas heridas que jamás cerrarán y es quizá
por eso que aún te sigo pensando, que aún le permito a mi yo interior la acción
de evocarte para que mi pensamiento fluya y vuelen las palabras sobre el papel.
Te veo de lejos y quiero que te quedes allí, feliz como hasta ahora, no vuelvas
jamás, porque si después de tanto y todo aún puedo dibujarte exactamente, no
quiero imaginar lo que sería tenerte cerca, quizá perdería la razón. Tú eres
aquello que siendo lo que más ha grabado en mí, más lejos quiero tener porque
dejaría de ser yo para volverme en una extensión tuya. Sigue así, que yo desde
aquí aún puedo vivir razonablemente.
19/8/16
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