Los Católicos somos blanco de
innumerables críticas. Nos llaman hipócritas, cucufatos, fanáticos. Debemos
reconocer con hidalguía que nuestra religión ha tenido periodos oscuros en su
historia, hechos que hasta hoy se siguen saliendo a la luz. Sin embargo, cuando
reflexiono sobre ello, llego a la conclusión que nuestra religión está formada
por hombres, hombres llenos de errores y defectos como cualquier ser humano que
no profese el catolicismo, los sacerdotes son mucho más tentados que un hombre
del mundo. Con ello no pretendo justificar en absoluto actos deplorables que
ocurren dentro de la Iglesia. Pero si es que hay algo que la cabeza de nuestra
Iglesia, Jesús, nos enseña cada vez que medito en su vida, pasión y muerte, es
que cada uno de sus actos, cada una de sus palabras nos deja una enseñanza,
siendo la más importante de todas ellas tal y como él lo dijo EL AMOR. Siendo
su vida, exacto ejemplo de lo que es amar hasta el extremo, hasta que se
derrame la última gota de sangre. Hoy se dicen muchas cosas de Jesucristo, se
cuestiona todo sobre Él, sobre los Evangelios, pero quien tiene la Gracia de
conocerlo a través de la oración profunda y meditada no podrá dudar ni un solo
segundo de la existencia real de la Divinidad en Jesucristo, que sus palabras
son Vida, son Salvación, son Paz, Sabiduría. En fin, Jesús me enseña todos los
días en los que humildemente le dedico unos minutos de mi pensamiento que debo
amar, a mi hermano, a mi amigo, a quien no ama, a mi prójimo, a los animales, a
la naturaleza. A este mundo le falta exactamente eso que Jesús tanto predicó,
le falta AMOR. Gobierna el odio, la crítica destructiva, el racismo, la
envidia, la ambición, la guerra. Abramos el corazón, Jesús está constantemente
tocando.
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